¿Estabilización de la violencia homicida en México?

El 29 de octubre, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) publicó las cifras definitivas de homicidio doloso en el país para el año 2019. Tras la polémica generada en distintas ocasiones por el recuento que ofrece el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) (menos preciso, al tener como base estadística denuncias por homicidio doloso y no certificados o actas de defunción), las cifras definitivas del INEGI hacen posible realizar un diagnóstico más confiable sobre la evolución de la tasa nacional de homicidios en el país en los últimos años. 

Más que un análisis histórico de la evolución de la tasa nacional de homicidios, ampliamente discutida (aquí, aquí y aquí, entre otros), el propósito de este texto es presentar, a partir de datos agregados, un análisis sobre su evolución durante el último lustro, con particular énfasis en los cambios registrados durante el bienio 2018-2019.

Descenso y aumento

Si bien el aumento drástico en la tasa nacional de homicidios entre 2007 y 2011 ha sido ampliamente discutido, lo ha sido mucho menos el descenso que tuvo lugar entre 2011 y 2014. La Figura 1 muestra la serie histórica, con datos del INEGI, de la tasa por cada 100 mil habitantes (calculada con base en la evolución de la población durante las últimas tres décadas).

Figura 1. Serie histórica de la tasa de homicidios. En color se resaltan los periodos recientes de ascenso y descenso.

Pese a que un corte trimestral revela con mayor precisión en qué momento la tasa comenzó a contraerse, la Figura 1 muestra cómo en términos generales, luego de triplicarse entre 2007 y 2011, la tendencia cambió a partir del año 2012, arrojando un porcentaje de variación de -29% entre 2011 y 2014. Por el contrario, a partir de 2015 inicia un nuevo ciclo violento que llega hasta la actualidad, provocando que la tasa alcanzara un tercer máximo histórico en menos de una década (pasando de 17, a la elevada cifra de 29 por cada 100 mil habitantes en 2018). El año 2018, como inercia del nuevo aumento de la violencia a partir de 2015, muestra cómo, en contraste con el ciclo previo de descenso, el aumento de la violencia tiende a ser más explosivo y difícil de contener que su disminución. Si la contracción entre 2011 y 2014 fue de -29%, el nuevo aumento entre 2014 y 2018 fue de -75%. De la elevada cifra de 20,010 muertes intencionales en 2014, el país pasó a tener 36,685 muertes violentas en 2018.

Nos hemos acostumbrado a la violencia, pero tolerarla y aceptarla socialmente como nuestra normalidad genera más violencia (Escalante, 2009;  Magaloni, 2011).

La discusión con respecto a las causas que explican estos ciclos de descenso y aumento no está zanjada. Algunos autores sugieren que el descenso de la violencia entre 2011 y 2014 puede deberse a un viraje en la estrategia anticrimen iniciada a finales de 2006, en la que se aplicó una política de detenciones indiscriminada, modificándose por una estrategia de focalización en grupos específicos de mayor letalidad. Con todo, si algo ha enseñado el estudio de la violencia letal a partir del año 2008 es que, más que un factor determinante, la única explicación posible es una combinación de factores coyunturales y estructurales, de orden económico, político, social, internacional y geográfico-espacial. Por tanto, comprender las causas de este ciclo de descenso de la violencia homicida implica analizar la interacción de factores diversos en distintos momentos del tiempo, a través de la triangulación de abordajes y dimensiones de análisis que hayan sido relevantes en ejercicios previos. En términos cuantitativos, dada la complejidad geográfica e institucional del país, resulta pertinente recurrir al análisis multinivel –con estimaciones más precisas al controlar por factores contextuales, aumentando la robustez y fiabilidad de los contrastes estadísticos–, así como longitudinal –en aras de obtener estimaciones que permitan hacer inferencias en el tiempo–. Cualitativamente hablando, Claudio Lomnitz recuerda cómo el florecimiento de la antropología moderna se dio a partir de una observación simple pero contundente: dos efectos idénticos pueden ser resultado de dos causas totalmente distintas. Como señala Lomnitz, esta premisa llevó al florecimiento de la etnografía –método de investigación que estudia de manera sistemática la cultura– a inicios del siglo XX, y viene muy al caso a la situación mexicana de inicios del XXI.

¿Estabilización?

El bienio 2018-2019 permite hacer algunas reflexiones preliminares sobre la inercia de los ciclos anteriores y el probable comportamiento de la tasa en años posteriores. Si bien no es posible anticipar el aumento o descenso de la tasa el próximo año (para lo que habría que esperar a los resultados preliminares por lo menos del primer trimestre de 2021), observar los dos ciclos anteriores abre la posibilidad de que el año 2019 sea un nuevo punto de quiebre que de pie al inicio de un ciclo de descenso como el que tuvo lugar entre 2011 y 2014. 

Figura 2. Variación anual de la tasa de homicidios.

Esto último puede ilustrarse a partir de la siguiente observación: si entre 2017 y 2018 la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes aumentó 13.1%, pasando de 25.7 a 29.1; por el contrario, entre 2018 y 2019 esta cifra fue de -1.7%, pasando de 29.1 a 28.6. En otras palabras, los resultados definitivos publicados por INEGI –tanto en su versión preliminar como definitiva– muestran cómo la tasa disminuyó entre 2018 y 2019, abriendo la posibilidad de que este último año sea un año de estabilización que de pie a un nuevo ciclo de descenso. Sobra decir que, como muestra la Figura 3, la cantidad de muertes en números absolutos para todos los años a partir de 2008 dan cuenta de la epidemia de violencia que vive el país, con cifras alarmantes para un Estado sin un conflicto bélico abierto y que llegó a tener un mínimo histórico de alrededor de 7 en 2007. Sin embargo, resulta relevante llamar la atención sobre la posibilidad de que el bienio 2018-2019 represente un periodo de estabilización y posible descenso de la violencia homicida.

Figura 3. Número absoluto de homicidios en México.

En términos generales, las cifras preliminares de 2020 arrojarán luz sobre de si se trata de una estabilización seguida por un nuevo aumento, como el que tuvo lugar a partir de 2015; o si, por el contrario, 2019 representa un año de estabilización y descenso como el que tuvo lugar entre 2011 y 2014. Como muestra la Figura 2, el porcentaje de variación anual desde el mínimo histórico en 2007 hasta la actualidad, ilustra en términos generales algunas similitudes y diferencias entre los ciclos de violencia recientes: por un lado, tras una disminución de -16% en 2007, la violencia letal aumentó 56% en 2008; por el contrario, tras un aumento de 13% en 2018, ésta se redujo -2% en 2019. ¿Cuál será la tendencia en el próximo lustro?

 

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Texto por: Cristian Márquez

Licenciado en Ciencias Políticas por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) y maestro en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Salamanca (USAL). Actualmente es candidato a doctor en Estado de Derecho y Gobernanza Global e investigador predoctoral del Instituto de Iberoamérica de la USAL.