¿Cómo atender la violencia en los estadios?

Los sucesos violentos del Estadio Corregidora evocan los peores temores de una sociedad asolada por el crimen. Innumerables explicaciones y discusiones intentan entender la violencia en el partido del 5 de marzo entre el Querétaro y el Atlas. ¿Es normal que se desate tanta violencia en los estadios? ¿Se puede hacer para prevenir esos estallidos en los siguientes partidos y eventos masivos? 

Las brutales imágenes que vimos no son nuevas ni son exclusivas de México. Diversos escenarios alrededor del mundo se han convertido en una catástrofe. En Reino Unido, por ejemplo, fallecieron 96 personas en 1989 aplastadas contra las vallas del Estadio Hillsborough en las semifinales de la Copa de Inglaterra. En el Estadio Fonte Nova de Brasil, el hundimiento de una grada provocó 7 muertos y 40 heridos durante el partido entre Bahía y Villanova en 2007. En México, en la final de la temporada 1984-1985, entre los Pumas de la UNAM y las Águilas del América, una multitud de aficionados sin boleto provocaron una avalancha que provocó 8 muertos y 70 heridos al intentar ingresar por el túnel 29 de Ciudad Universitaria. La violencia en los estadios es un problema en muchas regiones. Incluso, hay quienes argumentan que luego de dos años de pandemia y de encierros, las personas son más propensas a liberar cierta agresividad contenida

Violencia fuera del estadio: ¿violencia dentro?

México atraviesa el momento más violento de su historia moderna. Con casi 100 víctimas de homicidio doloso por día, una persona en México igual puede morir en un funeral en Michoacán, en un restaurante en Playa del Carmen o en un tráiler en Chiapas. Incluso, si estados como Baja California o Colima fueran un país independiente, tendrían una tasa de homicidios mayor que El Salvador y que Honduras: los dos países con mayor violencia del mundo. 

Sin embargo, ¿la violencia fuera del estadio es la razón por la que sucede la violencia en eventos masivos? Los contraejemplos son muchos. Por un lado, la tasa de homicidios de Baja California es nueve veces mayor que en Querétaro y no se ha registrado un estallido de violencia en el Estadio de los Xolos de Tijuana de la magnitud del juego de Querétaro vs Atlas en 16 temporadas (2011-2019). De manera similar, si la violencia dentro del estadio es un reflejo de la violencia fuera, no habría hooligans en Inglaterra o en otros países de Europa con bajas tasas de homicidios y sería materialmente imposible realizar algún evento masivo en El Salvador o en Honduras. 

Las dinámicas de violencia y sus soluciones son distintas. Es claro que México es un país sumamente violento y, bajo muchas perspectivas e indicadores, el país atraviesa el peor momento en el cual las autoridades han sido rebasadas para lograr un estado de paz. No obstante, la violencia de una organización criminal es muy distinta a la pérdida de humanidad de una persona furibunda porque su equipo va perdiendo en un encuentro deportivo. Al Estadio Corregidora ingresaron personas para apoyar a su equipo, y la mayoría salieron corriendo con miedo, pero también acudieron cientos o miles de personas que salieron como agresores. Por ello, las soluciones pensadas en asociar la violencia fuera del estadio o la idea descabellada de militarizar la seguridad de los encuentros no tienen sustento frente a las dinámicas complejas de violencia en los Estadios.

¿Por qué hay poca violencia en casi todos los partidos y mucha violencia en muy pocos?

A pesar de estos sucesos catastróficos, en realidad, miles de partidos se realizan alrededor del mundo sin que terminen en tragedia. En México, cada temporada se celebran 171 partidos (regulares y de liguilla). En consecuencia, entre el torneo de Clausura 2011 y Apertura 2019 fueron celebrados aproximadamente 2,700 partidos y únicamente en 6 de ellos se reportó lesionados de gravedad o algún hecho violento que llegaron a la suspensión del encuentro. Esto es apenas el 0.2 % de los encuentros deportivos de la LigaMx. En el resto de los partidos pudo existir violencia, pero fue menor, de modo que no fue considerada por los medios de comunicación. En México, las personas pueden acudir a los eventos deportivos con regularidad, sin estar expuestos a la violencia atípica del Estadio Corregidora. Sin embargo, algunos -muy pocos- eventos se convierten en una desgracia ¿Cuál es la razón?

Hay tres componentes relevantes para explicar la violencia en los eventos masivos. Las características del estadio, del evento y del personal. Factores del lugar como el nivel de ruido o la disposición de los asientos influye en la violencia que puede desatarse entre los asistentes. La importancia del evento o el desempeño del equipo también contribuye a los niveles de violencia de los partidos. Finalmente, el personal a cargo de la seguridad tiene mayor posibilidad de disminuir la violencia si cuenta con la capacitación y experiencia para manejar a la multitud.

Elementos que propician la explosión de violencia en los eventos masivos. Figura traducida de Spectator Violence in Stadiums (Madensen and Eck, 2008)

Por ello, es importante analizar las tres características de cualquier evento masivo antes de su realización: el lugar, el tipo de vigilantes con que se contará, y las características de la audiencia. Si bien todos los eventos multitudinarios pueden eventualmente tener explosiones de violencia, es casi imposible imaginar que una ópera en Bellas Artes producirá estos escenarios dantescos. Sin embargo, otro partido en el Estadio Corregidora puede tener todos los ingredientes para una nueva catástrofe. 

Los agresores generan su propia seguridad

En un evento masivo, la cantidad de vigilantes y su eficacia es crítica para poder contener cualquier explosión de violencia. Al rebasar la capacidad de reacción de los vigilantes en el estadio, la multitud crea su propio espacio de “seguridad”, en el cual los agresores tienen prácticamente la certeza de que no serán aprehendidos. Mientras más vándalos, menor es la probabilidad de ser atrapado.

Probabilidad de aprehensión de un agresor en función del número de agresores en el evento (horizontal) y del número de policías en el evento. 

El agresor pondera su propio riesgo de ser aprehendido (y posiblemente arrestado) y sabe que, si actúa solo, casi con certeza será neutralizado. Incluso con una baja vigilancia en el estadio, pocos agresores quedan fuera de control. Pero, conforme el número de vándalos crece, la probabilidad de que lo arresten cae drásticamente. Con un nivel bajo de vigilantes, bastan unos cuantos vándalos para que esas personas que están en el estadio, tengan prácticamente la seguridad de que pueden hacer lo que sea, sin consecuencia alguna. Y por ello la situación explota y se sale de control. Esa persona en el estadio experimenta un costo nulo para cualquiera de sus acciones. Lesionar y golpear a un aficionado del equipo contrario de pronto no tiene ningún costo. El vándalo en potencia no actuaría solo, pero al percibir un entorno propicio para actuar, es difícil detenerlo. Esa valoración ocurre en cientos, tal vez miles de vándalos en el estadio. Existe un frágil punto en cada evento que detona la violencia, pero no de una o dos personas, sino de cientos de personas en el estadio. Es el momento en que un estornudo desata una pandemia.

Características del evento: Querétaro 0 – 1 Atlas 

Algunas características del evento generan una explosión de violencia en el estadio. Por ejemplo, que el equipo local vaya perdiendo, algún error de arbitraje u otro suceso similar en la cancha. Este efecto es no lineal, es decir, si en el partido Atlas-Querétaro, el equipo local hubiera anotado un gol o no existiera una rivalidad añeja entre ambos equipos, posiblemente no se hubiera desatado esa violencia. Pero basta que conjuguen las condiciones para que se convierta en una catástrofe.

En los eventos en los que se desata la violencia, los factores se multiplican. Por ejemplo, si hay venta de alcohol, si el equipo de casa va perdiendo, si se juega un partido decisivo o si el estadio está lleno. Cualquier factor adicional puede desatar la violencia en los estadios y por ello es necesario considerar y controlar todos los factores. 

Modelo en el cual los factores que pueden generar violencia se combinan (eje horizontal) y el número simulado de delitos dentro del estadio (eje vertical). En un amplio rango de factores, el evento será pacífico y por ello, no se generarán disturbios de relevancia. Pero, a partir de cierto punto, ese equilibrio pacífico se quiebra y en el estadio se sufrirán miles de disturbios y violencia. Ese frágil punto que divide a los eventos pacíficos de las catástrofes existe en cualquier evento masivo, pero en partidos de fútbol entre equipos con alta rivalidad, siempre se está cerca.

Los factores que generan que un evento sea violento se multiplican. Y, aunque la mayoría se mantiene debajo de un punto de quiebre, algunos eventos cruzan ese umbral y la violencia estalla. Pero el estallido no es la suma de las situaciones aisladas, sino un gran golpe de violencia generado tanto por las características del evento, como por los cientos de personas que participan en la violencia: crean el espacio que incita a otros a sumarse hasta que crean un punto de quiebre. El evento pasa de tener prácticamente cero vándalos a tener cientos. En la mayor parte de los eventos deportivos la paz se mantiene. Pero en unos, contados, la violencia estalla y excede por mucho a las capacidades de seguridad de los vigilantes. Hay una abrupta transición entre un partido de fútbol cualquiera y un evento como el del Estadio Corregidora.

En cualquier evento masivo y con distintos niveles de vigilancia, un estallido de violencia es factible. Sin embargo, a mayores niveles de vigilancia, la mayor parte de los vándalos son contenidos.

Más vigilancia en los estadios puede controlar los estallidos de violencia. Sin embargo, en cualquier nivel de seguridad y en prácticamente cualquier evento multitudinario, existe ese punto crítico en el cual se experimentan estallidos de violencia. O puntos en los cuales es imposible controlar a las masas, por ejemplo, en estampidas o avalanchas que pueden generar la muerte de miles. 

Políticas de prevención de nuevos estallidos de violencia 

Bajo este modelo, la sanción anunciada por la LigaMx de celebrar los partidos a puerta cerrada puede funcionar como una medida para atenuar la rivalidad de los aficionados de Querétaro y otros equipos. Sin embargo, son necesarias medidas adicionales. De lo contrario, puede estar postergando otro incidente. Si los factores de lugar, evento y personal vuelven a concurrir, habrá otra tragedia en el Estadio Corregidora en cuanto se levante el veto o en cualquier estadio donde confluyan las circunstancias.

La responsabilidad principal en el corto plazo de los encargados de seguridad es contar con personal capacitado, con experiencia y en comunicación en los estadios. Además de técnicas de manejo de multitudes. En el mediano plazo, la existencia de barreras físicas y la identificación y la prohibición de ingreso a personas involucradas en riñas y lesiones contribuye a evitar las desgracias. Sin embargo, existen medidas flexibles y de bajo costo en partidos significativos que pueden ser más efectivas que construir un sistema de identificación facial.

La responsabilidad de la LigaMX es vigilar las medidas de los responsables en partidos cuyas características del evento aumentan la posibilidad de la violencia frente a otros encuentros de menor peligro. Como los partidos que se consideran clásicos de la LigaMx. Es necesario revisar las medidas previas en partidos significativos, prohibir la venta de alcohol durante el segundo tiempo o incluso durante todo el evento, como se ha hecho en otros encuentros. Además de reducir el aforo del estadio y analizar la disposición de los asientos.

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Texto por: Enrique García Tejeda

Es catedrático de la Universidad Panamericana, Campus Mixcoac. Es Doctor en Políticas Públicas por el CIDE y fue investigador visitante en San Diego State University en 2018. Su agenda de investigación actual incluye el tráfico y el crimen en la Ciudad de México.

Texto por: Rafael Prieto Curiel

Soy mexicano y matemático y actualmente soy investigador en la universidad de Oxford y soy investigador externo de la OCDE. Realicé un doctorado en Matemáticas, Crimen, Seguridad y Urbanismo en University College London. Trabajé en el C5 de la CDMX.